Estos tres primeros días han sido una recopilación de lo mejor y lo peor que uno pede encontrarse en la vela. He pasado de estar sumergido en el infierno más deprimente, a sentirme en el cielo más agradable que podamos imaginar.

La mayoría de las tripulaciones (solitarios y a dos) de los 108 barcos que toman parte en esta regata somos amateurs, que vamos en busca de experiencias vinculadas a la vela y la Transquadra nos ofrece una regata transoceánica de 4.000 millas (unos 7.600 kms.) en dos etapas, la primera entre St Nazaire (Francia) y Madeira y la segunda hasta La Martinica (Caribe).

Estoy escribiendo estas líneas en el centro del golfo de Vizcaya, con el rumbo directo puesto al cabo Finisterre, con buen sol, mar azul y entre 6 y 7 nudos de velocidad, He desayunado un buen café y un bocadillo de jamón en la cubierta y me tomado todo el tratamiento para un gripazo que arrastro desde la salida. Es el cielo. Los atunes saltan por todas partes y en estos dos últimos días no he visto a nadie.

La última noche he podido dormir bastante ya que he puesto el despertador cada hora. Sonaba, me levantaba, controlaba el radar, mi posición y el consumo de energía, después salía al exterior para comprobar las velas, dirección del viento, su fuerza, el mar, el barco en general y regresaba a la cama. Duermo en el centro del barco, con una espuma, que hace de colchón y un saco de dormir. Ha sido una noche reparadora que necesitaba imprescindiblemente.

Pero conozco muy bien la otra cara de este deporte, el infierno. Viví en él la primera noche, cuando en medio de un temporal, empezaron a suceder cosas en cadena que me resulto muy difícil afrontar.

La noche fue tan dura que dos barcos dispararon sus balizas de auxilio, uno de ellos fue evacuado por helicóptero y del segundo no tengo más información, salvo que estuve seis horas en contacto con salvamento francés porque en principio mi barco fue el único que respondió a la llamada del servicio de rescate y parecía que estaba relativamente cerca. Posteriormente el Servcio de Salvamento me comunico que todo estaba controlado y que no era necesario que siguiera a la escucha. En tanto todo esto se producía y en vista que el temporal aumentaba decidí recoger la vela de proa (génova) y desplegar el foque que es más pequeña y adecuada para estas condiciones. En el momento de estar recogiendo la vela con el winch, algo bloquea el enrollador y en ese instante tres ráfagas impresionantes arrancan tres de las cinco guias del enrollador, también explota el reenvio (un día después encontré la mitad ¡denrtro del fregadero! ) y el cabo que hace de guía, se parte y la vela queda libre sin posibilidad de recogerla y sacudiendo de forma violenta con los otros cabos que tiene en sus extremidades.

En definitiva que me pasé toda la noche intentando recomponer todos los desperfectos y daños colaterales que no fueron pocos. Coloqué el barco en una posición que me permitiera reducir su velocidad a dos nudos para reducir los riesgos al realizar los trabajos en la proa. Si en el infierno existe un lugar de castigo, ese es la proa de un barco en un temporal, con el agua pasando por encima, no tienes la seguridad de que la linea de vida la que estas cogido pueda resistir el impacto brutal de una ola. En estas condiciones el mar cuando te golpea parece más sólido que líquido, son golpes secos que te desplazan. Con esta situación no se daban las condiciones óptimas para resolver los diferentes problemas. Cuando las fuerzas estaban al limite, regresaba a la cabina a descansar media hora, lo que tuve que repetir en varias ocasiones.

Al amanecer, con pocas fuerzas, seguí reparando, poco a poco, los desperfectos y a las 16 horas se podía decir que lo tenía todo controlado. Después del temporal tuvimos calmas y ello nos permitió, al Dirkou y a mi, recuperarnos y volver  a pensar en la estrategia de la regata.

Ayer pusimos rumbo al oeste y esta mañana he tomado la decisión de ir directamente hacia el cabo Finisterre, si un nuevo temporal, que está por llegar, me lo permite. Jamás pensé que iba a ser tan difícil salir del Golfo de Vizcaya.

Juan Porcar

Anuncios